lunes, 27 de agosto de 2007

Muerte en el olvido

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...


Ángel González

viernes, 24 de agosto de 2007

Un verano accidental


Todo me pasa a mi, y si no es así que venga Dios y lo vea porque no es lo que pienso yo. He estado de vacaciones en Benidorm con mi novia y otras tres parejas de amigos. Nosotros eramos ocho pero en la playa habría cerca de 100.000 personas (deducidas) y es a mi a quien le deben ocurrir todos los percances. Además, los más tontos.

Estoy báñándome y jugando con las olas, cuando... viene una ola, me arrolla, me revuelca y me rompe los ligamentos de la clavícula. Ala, con un cabrestillo como objeto ornamental debo pasearme allá donde voy. Y lo peor de todo fue la vergüenza que pasé cuando toda la playa de Levante dirigió su mirada hacia mi persona y el bulto huesudo procedente de mi hombro.

La cosa no queda ahí porque cuando me trasladaron al hospital, el conductor de la ambulancia de la Cruz Roja se confundió y me llevó a uno privado dándose el piro ipso facto. Seguro que tengo que pagar el traslado desde el Hospital de Levante hasta el de Villajoiosa sólo por un error ajeno a mi persona. Sin olvidar el dolor que sentí cuando tuve que pagar el taxi de regreso al pueblucho ese infectado de veinte duros (no la moneda, sino las tiendas). Y encima me mandan reposo. Y lo mejor de todo es que he cogido un par de kilos no deseados, y no se me ofrece ninguna pastilla para abortarlos, con lo que los odio.

Si quereis saber más sobre mis andanzas estivales llamadme o mandadme un correo, que aunque tarde en contestar, contestaré.


¡Qué agusto me he quedado!

miércoles, 8 de agosto de 2007

COMO EN CASA


Hace tiempo, quizás tres o cuatro semanas, viajamos, cada uno como pudo, a una reunión cachonda celebrada en las cercanías de Fuente del Maestre con una anfitriona de lujo, “la Cristi”.
Fue un fin de semana de los más completito: sorpresas, risas, comida, bebida, una piscina, música, un sivil, registro policial, turismo y varios amigos. La matrícula de honor hemos de dársela al trato que recibimos, personal y familiar. ¡Si es que debería de acompañarla el logotipo de marca registrada ® (como a la Coca-cola)!
En ocasiones así se descubren muchas cosas, yo descubrí que los voy a echar de menos más de lo que había imaginado.
Cuando ya quedé solo en el coche, tras dejar a Enrique, cometí un homicidio involuntario, aunque más bien asistí a un suicidio en el que yo tenía el papel de verdugo. Y es que, me explico. Un pájaro, según mis conocimientos ornitológicos de la familia de los alcaudones, usó la luna delantera de mi coche para buscar la muerte. Murió ipso facto y quedó enganchado en mi parabrisas. El R5 no daba crédito de lo que nos estaba acaeciendo y activó los parabrisas para que se soltara. Acto nulo porque no lo hizo, más que eso dejó marcas de sangre en el cristal.
¡Qué forma más terrible de concluir un maravilloso fin de semana! La foto verifica los hechos del pájaro realza los argumentos que expongo. ¡Descanse en paz! Podría haber colocado fotos más bonitas y divertidas pero entonces me acordaría de los letreros (animales de letras) y me apenaría. Espero que a mi regreso sigan igual, tal y como son de buenos.
A ellos.


Frase llamativa: “el que no recuerda el pasado está encadenado a volverlo a repetir” no se quien lo dijo pero voy a empezar a olvidar para que algún día pueda revivir experiencias ¿inolvidables?


P.D: No dejeis de visitar Las Malas lenguas y de dejar vuestros comentarios aquí y allí.