viernes, 20 de mayo de 2011

Nembro 3.5


Todo me parece igual de bello que un atardecer en la estación estival sentado sobre alguna elevación rocosa frente al mar. Como cada segundo el apagado de la luz natural crea un tipo de melancolía nunca antes sentida. Como en una película, va desenrredándose el nudo para dar paso al ansiado-esperado final.

La tremenda esfera pírica se encuentra en su punto más alto pero de nada sirven las gafas con lente solares cuanto en tu interior sientes un pacífico atardecer. El trabajo, la espera esperanzadora, el conocimiento, la sabiduría, maldita madurez y otros se han agrupado en la plaza que diviso por el ventanal de la cafetería. No sé si para volver o para quedarse viéndome marchar en busca del tranvía a por una, quizás última, silenciosa cita.

Nembro se divide entre risas y lágrimas. A mi cara, una sonrisa. A mis noches, demasiadas cosas aún por hacer y/o planear.

No quiero terminar de escribir esto aunque lo haga sin despedida en esta mañana que brinda atardeceres...

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