miércoles, 12 de octubre de 2011


Han pasado los meses calurosos con una gran rapidez. Pasado, pasado y pasado. Como pasan los transeúntes por los pasillos de un supermercado en la sección de congelados en tiempos polares. Rápido. Tan veloz que podrían escapar a la carrera de cualquier felino de la sabana. El tiempo estival se ha puesto un petardo en el culo y quiere apagar fuegos pero con su paso arrastra también la satisfacción.

Definir con un término todo lo vivido en esta tiempo podría conllevar horas y horas de búsqueda en cualquier diccionario. Quizá no exista una palabra tan completa como completo ha sido este verano. El 2011 es el año de la paciencia y su verano un cúmulo de mestizajes varios. Empaparse y bañarse en el conocimiento con la didáctica como compañera de baño. Crecer y evolucionar en un escaso espacio temporal.

Sobresaturarse de información ayuda y complica a dar pasos que servirán o no en la vida. Con toda esta información abandono el barco para irme con la música a otra parte pero no con el rabo entre las patas.

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