¿ansiedad de qué?
Seguramente era ya de noche por todo el mundo cuando me sentí perdido. Ni brújula ni teléfono ni mapa. La oscuridad era tan espesa que podía tocarla. Gracias a Dios tenía una linternita en la mochila. Menos mal. Un poco de luz me vendría bien para seguir moviéndome aunque atrayese a todos los bichos que me rodeaban. Reconozco que un poco me cagué de miedo.
Durante algunas horas caminé sin rumbo con el corazón en un puño. Ya sentía las ampollas en los talones cuando divisé una pared de piedra cerca de otra paralela. Era una senda, un camino, una vía agropecuaria, un clavo ardiendo que agarré sin vacilaciones.
No quedaba otra. Tenía que darme prisa si quería llegar al seguro pero lo primero era tranquilizarse. Más que nada, no entendía todas estas ganas de llegar. En realidad todo estaba en calma excepto yo. Nunca he sabido gestionar mi miedo y por ende mis nervios y mi angustia existencial se vieron afectados. Ni diciéndomelo a mí mismo delante del espejo ni reproduciendo mensajes de audio previamente registrados y guardados. Ni meditación ni acupuntura. Nada. ¿Cómo iba yo a estar sosegado sin ver por donde iba? Pensé en un precipicio sorpresa, en una fiera hambrienta, en un grupo de bandidos tradicionales o en una catástrofe natural. En toda adversidad pensé hasta que una roca puntiaguda hizo que cayese al suelo rasguñándome piernas, manos y media cara. Faltaba solo esto. Ir hecho un cristo en una noche de verano, sin rumbo y sin idea de lo que había pasado. ¿Dónde se diría que estaba metido y quién me mandaría a mí?
Aún así, no me permití parar por no bloquearme in situ o vete tú a saber. El caso es que seguí caminando. Maldiciendo y caminando. Caminando y maldiciendo hasta que fui a parar delante de una casona de campo enorme. No había visto nada tan tétrico en mi vida. Tuve la sensación de encontrarme en el set de una peli de terror. De verdad, vaya viaje me estoy pegando. Todo tenía que haber sido coser y cantar con excursiones pagadas, pulseritas del todo incluido, guía a mano, kit de playa y montaña preparado y ganas. Muchas ganas tenía yo para haber acabado delante de un palacete casi en ruinas y sin hacerme ni chispa de gracia. ¿Entro, me piro corriendo o despierto ya de esta pesadilla?
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