Andar entre andenes
Llevaba mucho tiempo esperando en el andén. Demasiado. Quizás fueron algunos años los que tuvo que esperar. ¿Y para qué? Si al final habían sido más momentos conflictivos que de aquellos que se te estampan en el alma. Largas temporadas, desde luego, recorriendo de un lado a otro y de arriba a abajo toda esa construcción llena de mugre y hedores. Aquel sitio parecía no cambiar. Todo estaba igual siempre. Hasta la suciedad se negaba a abandonarlo. Había una fuga de agua en una de las esquinas. Fuga ansiosa de libertad que no podía aguantar más. Un poco así se sintió ella. A caballo entre la pérdida de agua de tubo desconocido y la mancha vomitiva del suelo que había estado, durante todo este tiempo, criando gérmenes y bacterias. No tenía claro qué hacer. ¿Dejar la espera o insistir en algo que durante años no había sido más que una ilusión barata?. Hubo un momento. No sé bien cuál de todos. Un momento en el que se atrevió a subir las escaleras y tomar aire puro. Bueno, puro lo que se dice puro no era. La pureza en la gran ciudad no existe, todos deberían saberlo ¿Ahora qué haría?
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