Convenciones de conveniencia
Cada uno tiene claro, o cree tenerlo, qué conviene en su vida.
Siempre acabas recibiendo la luz de la providencia que de un modo u otro te ciega en principio para después dejar un reflejo desagradable que te recuerde porqué coño miraste fijamente el destello.
Incordias tu propia vida con remilgados lamentos que no hacen otra cosa que demostrar tu debilidad humana. Esa debilidad que dentro se crece y disfraza en un Carnaval eterno que rara vez desemboca en Cuaresma.
Convendría sacarle todo el partido al convenir que se merece o se te antoje. Conviene pulir ideas y emociones que quizás en el juicio final no tengan peso alguno.
Conviene dejarse llevar a sabiendas que ninguna convención resultará perfecta pero podría aproximarse al modelo que durante años vienes esculpiendo y escupiendo.
Cada uno tiene claro, o cree tenerlo, qué conviene en su vida. O no.
Comentarios