Paso
No me apetece someterme a ridículos cánones.
Ni de estereotipos ni de cortesía.
Menos aún vivir con la congoja de ser aceptado
por uno mismo o por quienes quieres que estén
sin importar si de verdad aportan a tu vida.
Ya no te hablo del afligirse penitencias impuestas para controlar al manso rebaño.
Confesiones obligadas que en la intimidad tienen valor
a pesar de los daños.
No creo en el autoflagelarse con saña
por encajar en los típicos casilleros.
Sería guardar con compostura la calma
en todos los recreos.
Habría que probar a vivir.
Sin impartirnos hostiazos con la fusta,
que no es más que dejar que el tiempo pase.
Habría que probar a vivir.
Sin sofocarnos con nuestras propias manos
por querer clasificarnos
en el podium de esta puta esclavitud estandarizada,
comprenderemos cuáles son los eternos castigos
a los que se arrodillarán nuestras horas
cuando de nosotros únicamente queden
los datos
de una soledad devastadora.
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