Adaptación al miedo

Hemos creído siempre que la muerte llega te pille dónde te pille y siempre hemos estado equivocados. La muerte nos acompaña desde que nacemos. Es el verdadero pan que te acompaña bajo el brazo. 
Viene con nosotros de la mano sin hacer ruido, sin presionar. Y, de repente, como el sonido de un timbre que no esperas, te asusta al estilo de las películas de terror. Vestida de blanco tras una curva o en lo más profundo de un pozo, con voz de niña, con una bolsa en la cabeza o una máscara en la cara. Basta un susto para no olvidarla. 
Pero es en el momento preciso en el que te confías y la dejas a un lado, cuando se hace presente en su forma exacta. La que a cada uno nos corresponderá en su día y sobre la que pensar no merece la pena por la inversión de tiempo que conlleva.

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