Acéptate, Hostia

Hostia no se aceptaba ni a la de tres y una tarde de cerveceo, entre amigues, la Realidad se lo dijo, harta ya de verla cabizbaja. Arriba ese ánimo, querida, que con el mood que llevas, amigui, nos tienes a todes más allá que pacá. La otra que necesita poco para envalentonarse empezó con reproches como que quién se creía ella que era para juzgar comportamientos ajenos o meterse con las miserias que no eran suyas. Ahí, la Dignidad, a menudo empática con sus amistades, se metió al quite. Eso sí, con sus típicos modales y su lengua sin seguro le puso el punto sobre la i:
- Acéptate, Hostia. Basta de amargarte por arrugas, medidas, impresiones y expectativas, alma de cántaro. Qué la noche es corta y te la pasas dormida.

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